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Bienvenido, hoy es: 22 de abril de 2019

Vehículos impresionantes en la antigua Venezuela

 

Por: Julián Afonso Luís
Especial para www.carrosyclasicos.com
Tampoco fue el único auto con pedigrí existente en nuestro país por esos años, habida cuenta de la entrega de al menos dos Phantom II fabricados por Rolls Royce totalmente nuevos a clientes caraqueños que los vieron en los stand que la marca tuvo en una feria automotriz de Nueva York, uno de los cuales aun reposa en el Museo Del Transporte de Caracas. El testimonio de la llegada –también hacia fines de los años 20- a Caracas de la primera unidad Alfa Romeo, traída por un particular a través del Puerto De La Guaira , sirve para redondear el inicio de un breve recuento que nos llevará a recordar máquinas de fábula con un común denominador; todas circularon como si tal cosa por las calles criollas.

 

 

Buggatti 1926

 

 

Bugatti

 

 

Bugatti



Uno de los testimonios más famosos involucra al célebre Tazio Nuvolari, no porque el gran corredor italiano haya venido a Venezuela, sino porque decidió dar un reconocimiento muy merecido a su mecánico de confianza, Don Abele Cavicchioli (sus hijos viven en Venezuela y dirigen uno de los pocos talleres del país especializados en Alfa Romeo) cuando este decidió probar suerte en la tierra de gracia que para muchos europeos era la Venezuela de la inmediata posguerra. Dícese que Nuvolari habría decidido regalar a Don Abele uno de sus míticos autos de carrera, nada menos que un Alfa Romeo P2 que el mecánico cuidó primorosamente y hasta hizo competir en ciertas carreras locales antes de confinarlo a un rincón de su incipiente taller. Allí el polvo lo fue sepultando y también el olvido, según el taller crecía y con él aumentaban los quehaceres. Solo el viejo Abele sabía qué había allí debajo, en lo que parecía un oscuro montón de hierros; un tesoro para quien lo supiera valorar. En una de esas el veterano mecánico, ya bastante entrado en años, fue invitado especial de Alfa Romeo a un Grand Prix de Italia y sus hijos (uno le acompañó y otro se quedó en Caracas) aprovecharon para poner un poco de orden en el taller.

 

 

Rolls Royce 1927

 

Uno de ellos, el que permaneció en el país, llamó al chatarrero para que sacara de allí todo el hierro guardado en aquel rincón y cuando Don Abele volvió a Venezuela en vez de alegrarse, tal y como esperaba su hijo que lo hiciera tras el duro trabajo que representó limpiar aquel rincón, casi se muere de la impresión. Fue entonces cuando sus dos hijos supieron que aquel amasijo de hierros que parecía un tractor o una vetusta carreta con motor sin valor alguno, hecha por algún viejo herrero y cubierta con cuanta chatarra puede generarse en un taller al paso de los años, en realidad ocultaba lo que quedaba de un glorioso auto de carreras tripulado por el gran Nuvolari. El “vecchio” Abele corrió a la fundición con la esperanza de recobrar su tesoro, pero ya este había sucumbido al destino de la caldera. Con los años un coleccionista llegará hasta allá preguntando por el auto y su incredulidad fue grande al conocer su ingrato destino.

 

 

UNA BANDADA DE GAVIOTAS

 

El viejo Alfa Romeo de grandes premios no será el único auto de gran pedigrí de Venezuela, el país americano –después de USA- al cual llegó la mayor cantidad de Mercedes Benz 300SL nuevos, bien sea vendidos mediante la red oficial Mercedes ubicada en el país, que por entonces no abarcaba más que un puñado de puntos de ventas cubiertos por la familia Zingg, que ya manejaba los destinos de la marca en el país y los seguiría manejando durante muchos años. De allí deriva la gran discrepancia en cuanto a los números que se manejan para unidades nuevas del 300SL vendidas el país. Habrá sido una treintena corta la flotilla colocada directamente por los Zingg, pero a eso hay que añadir los importados en forma particular a través de la red de Max Hoffmann y Studebaker-Packard en USA, quienes manejaban la marca en Norteamérica, más los pocos que vinieron a disputar carreras en el GP de Venezuela en 1955-56-57 y se quedaron. Hay quienes hablan de hasta ciento veinte autos, mientras las fuentes Mercedes hablan de entre setenta y noventa lo cual significa entre el 6 y el 8% de la producción total de alas de gaviota si bien parte de la discrepancia también radica en lo difícil que es precisar si hablamos solo de los 300SL coupé o estos números incluyen también los roadster que, como todos sabemos, reemplazaron a los ala de gaviota y se produjeron hasta 1961.

 

 

 

Alfa Romeo

 

 

Mrecedes Benz 300SL

 

 

Ya que hablamos de la era dorada del automóvil en Venezuela por lo que respecta a la calidad de los modelos importados por los millonarios particulares a mediados de los años ´50, hemos de mencionar al Falcon. No nos referimos al popular compacto de Ford que, por cierto, inició en Agosto de 1962 las operaciones fabriles de esta marca en Venezuela tras su larga militancia en el mercado nacional iniciada en 1911. Nos referimos al fabuloso showcar carrozado por Carrozzeria Ghia en Italia y diseñado por el gran Virgil Exner que, en 1955, se fabricó sobre un chasis DeSoto con un motor igualmente de esta división que, según algunos, tenía un diseño de cámaras hemisféricas. El Chrysler Falcon fue un prototipo que pulsaba la viabilidad de ingresar a un segmento de mercado en el cual ya militaban los Chevrolet Corvette y Ford Thunderbird de dos asientos; el de biplazas descapotables de alto rendimiento, no propiamente deportivos o, como muchos los llamaron, los deportivos de bulevar. Por años se pensó que en Italia se fabricaron dos prototipos y así lo establecieron muchos especialistas en historia automotriz de todo el mundo. Pero en realidad hubo tres. El tercero vino a Venezuela tan pronto su dueño lo adquirió en un autoshow norteamericano y permaneció largos años en este país. Era de color azul oscuro y su techo removible era blanco. Por muchos años prestó servicio por la zona más opulenta de la capital, la naciente urbanización Country Club y la Carretera Del Este, hoy Avenida Francisco De Miranda. A fines de los años ´60, empero, era un automóvil usado como los muchos que había en Venezuela y su valor era tan residual e incluso menor que el de los muchos Thunderbird biplazas llegados al país, que en algún momento llegaron a venderse muy baratos por ser autos usados (hubo una época en Venezuela en la cual era relativamente sencillo adquirir auto nuevo, lo cual atentaba enormemente sobre el valor de reventa de aquellos modelos menos populares y/o para los cuales no pudieran conseguirse recambios) y porque su carácter de biplazas les hacía inútiles para el comprador de menores recursos que adquiere un auto para usarlo como medio de transporte y para trasladar carga de muchos tipos, pero no puede permitirse status de tipo alguno. Así, antes de rematarlo, prefirió rifarlo. Desde entonces no se ha sabido más nada de él.

 

 

 

LOS “VULGARES” THUNDERBIRD

 

Y ya que mencionamos Thunderbird -un modelo realmente bien apreciado en nuestro país, tanto en su configuración original como biplaza como en las sucesivas entregas hasta que dejó de importarse hacia 1969- quien esto firma tuvo oportunidad de ver en su época de niñez un par de automóviles realmente excepcionales cuya mención en este trabajo puede ser hasta un reto para la imaginación y la capacidad de investigación de los lectores. El primero era un Ford Serra 500 y el segundo, un Facel Vega HK500. Para quienes piensen que estamos cometiendo un error al escribir el nombre de la primera de estas dos máquinas excepcionales, aclaremos que no es así. El Ford Serra 500 fue un ejercicio del carrocero español Pedro Serra sobre un Thunderbird de 1957. Manteniendo invariado el interior, exceptuando el retapizado del asiento y los paneles de puertas en cuero legítimo en reemplazo del simil cuero original, el exterior ofrecía un dramático rediseño de los extremos. En la zona trasera la zaga recurría a la receta del faro corrido que en los años ´60 popularizaron los Thunderbird o Mustang. En el extremo frontal se recurría a dos guardafangos de severas líneas rectas con un capó específico y la parrilla repintada e ingeniosamente integrada al conjunto de un AMC Javelin de 1971. El auto era marrón oscuro, con franjas negras y en estas aparecía la sigla Serra 500, tanto en el capó como en los laterales y en la zaga. En realidad su apariencia exterior recordaba más al Mustang que al Thunderbird que le dio vida, exceptuando el parabrisas envolvente y el tablero, que no recibieron cambio alguno. El Facel Vega, por su parte, era un deportivo francés de fino acabado y con un enorme V8 Chrysler bajo el capó. Un coupé de hermoso interior, con asientos en grueso cuero como si fuera un Bentley y con un impresionante panel de instrumentos lleno de relojes y botones sobre un panel de madera legítima. El precio de venta de ambos autos era bastante irrisorio… por el Serra 500 pedían algo así como Bs.30mil en 1975. Estaba en muy buen estado y, a cambio, por ese dinero se podía comprar un Chevrolet Camaro SS de 1973 de bajo kilometraje mientras que mi padre, en ese mismo lote de venta de autos usados perteneciente a un concesionario Ford que vendía autos nuevos, compró su Fairlane 500 sedán básico con motor V8 y aire acondicionado de 1972 pagando Bs.18mil a crédito. Bs.50mil quería el dueño del Facel Vega unos diez años más tarde, cuando un Ford Sierra XR4i costaba nuevo Bs.145mil, si bien su estado no era tan impecable como el del Ford.

 

 

Facel Vega

 

 

Facel Vega 1958

 

Los amantes de los autos en Venezuela han tenido oportunidad de coleccionar raros y valiosos ejemplares, incluyendo una buena cantidad de autos británicos tipo MG-TD, MG-TF, MG Midget, MG A, Austin Healey, Hillman Imp, Sunbeam Imp, Alpine o Tiger, Jaguar, etc. que eran muy populares en los años cincuenta y sesenta. Una de las colecciones más notables y valiosas fue la de Don Pedro Betancourt, muy vinculado a los negocios editoriales en Venezuela, quien llegó a tener en su casa una treintena de Mercedes Benz de inmenso interés, incluyendo un ala de gaviota, un pagoda y una viuda. Otro conocido apasionado de los autos, más bien poseedor de varios a la vez que coleccionista propiamente dicho, fue el animador Renny Ottolina quien llegó a tener en diferentes épocas autos tan particulares como Lamborghini Miura y Espada, Maserati Ghibli, Jaguar XK-E Coupé (manejado por quien suscribe esta nota), dos casas rodantes GM Motorhome Elegance, un Stutz Blackhawk, un Rolls Royce Silver Shadow y un Corniche, un Ferrari Mondial con el cual disputó la I Edición del GP de Venezuela en 1955 y hasta uno de los primeros Mercedes ala de gaviota llegados al país (la primera unidad llegó en 1955 para el Presidente Marcos Pérez Jiménez y la segunda fue para Pancho Pepe Cróquer, el popular narrador deportivo que entre tantas hazañas documentó desde un avión DC-3 la última etapa de la carrera Buenos Aires-Caracas en 1948).

 

 

 

Crysler Falcon

 

 

Austin Healey

 

 

Lamborghini Miura

 

Otros autos de raro pedigrí bastante normales en Caracas y en las principales ciudades del país en sus respectivas épocas y enumerados sin orden especial son los Continental Mark II de 1956-57, de los cuales hubo un buen contingente. Packard fue una marca bastante conocida en sus últimos años y sus sedanes Clipper o Patrician debidamente remozados hicieron largos servicios en Venezuela como carrozas fúnebres. Cadillac tiene un amplio mostrario en Venezuela comenzando porque el primer auto llegado a este país fue un Cadillac roadster B de 1904 y por haber hubo de todo, desde los Eldorado originales hasta los Eldorado Brougham de 1958, incluyendo una gran colección de limosinas presidenciales ya que Cadillac fue el auto de Estado oficial en Venezuela desde la inmediata preguerra hasta los tiempos de Rafaél Caldera, habiendo todavía en los garajes de Miraflores las limosinas adquiridas en tiempos de este mandatario cuando su sucesor, Hugo Chávez, recibió la presidencia en 1999. Este ha ido renovando la flota, igualmente usando Cadillac, pero también otros automóviles e incluso abriendo el abanico a otro tipo de vehículo para escoltas, como las station wagon Toyota Burbuja. Porsche es igualmente una marca con amplia representación en Venezuela, sea cual sea el modelo o año que se busque y en forma oficial o mediante importación privada, a partir del 356B de fines de los años ´50.

 

En este país llegaron a venderse unidades totalmente nuevas de Mazda RX4 con motor Wankel y hubo un activo inventario de Ferrari, siendo este uno de los primeros países americanos después de USA donde la marca tuvo un servicio oficial, representado por Don Félix Varona quien abrió en la Avenida Libertador el primer taller especializado en esta marca en los años ´60. ¿Qué tan exóticos llegaron a ser los Ferrari llegados al país? Pues en la época actual, vale la pena decir que el primero de los cuatro Superamérica destinados al mercado sudamericano se quedó en nuestra tierra y los otros tres igualmente serán distribuidos por el continente una vez toquen piso venezolano. Un poco más atrás recordemos los Ferrari 360 Challenge que inauguraron la etapa internacional de esta categoría deportiva creada por la marca para sus clientes gentleman drivers y que preludió la llegada de esta a otros países, incluyendo USA.

 

 

Mazda RX4

 

 

Ferrari

 

Si retrocedemos treinta años hacia atrás, recordaremos un popular piloto local que tenía un viejo Testa Rossa de 1958 que sucesivamente fue remozando y mantuvo activo en las pistas, usando en sus últimos tiempos un rutilante motor Chevrolet V8 en reemplazo del viejo V12 que ya había entregado todas sus esencias. Tal auto compitió regularmente en las categorías Fuerza Libre y Mecánica Nacional, llegando a disputar posiciones con aparatos tan cotizados como los Chevron o Lola con motor Chevrolet de tipo CanAm o antecediendo por muy poco a un McLaren M8A con motor Chevrolet que ardió completamente en Turagua hacia 1982 tras chocar con otro competidor. Y hagamos rápida mención a los Shelby Mustang GT500 y Shelby Cobra, que vinieron en cantidades notables considerando su limitada producción para terminar mencionando entre los tantos Ferrari uno muy particular, un Superamérica que un amigo habría comprado a manera de regalo al Presidente de la República, el General Marcos Pérez Jiménez, quien estaría esperándolo con particular emoción. Solo que tan fantástica máquina llegó al país justamente el día en que el militar fue derrocado de la presidencia y se presume que el auto acabó en manos de sus detractores. Por fortuna para los amantes de los autos en Venezuela, no fue la primera máquina de sueño llegada al país y tampoco será la última, si bien resulta verdaderamente preocupante que se conserve muy poco de ese patrimonio al punto que nuestro país durante muchos años fue el paraíso en el cual numerosos mecenas del automóvil clásico hicieron pingues negocios, comprando verdaderas obras de arte de incalculable valor por apenas nada.

 

 

 

 

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