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Bienvenido, hoy es: 22 de septiembre de 2019

Audi Sportscar Experience en Bogotá

 

Un buen día gris...

 

Durante los días 24, 25 y 26 de mayo medios especializados, clientes y uno que otro pendiente fanático vivieron una gran experiencia. Nosotros pudimos disfrutar y de primera mano ahora lo contamos.

Texto: Manuel Fernández
Fotos. Manuel Fernández y Rolando González
Especial para www.carrosyclasicos.com

 

No fueron muchos los días de impaciencia, sólo dos. Finalizando el 2009 en el Audi Driving Experience nos lo habían anticipado. Los meses pasaron sin notarse y de una manera sorpresiva el Audi Centre de la Calle 127 en Bogotá se vio repleto por varios vehículos rotulados, de colores llamativos y con matrícula alemana, ¿Qué significaba eso? Que el momento ya había llegado.

 

Se trataba del Audi Sportscar Experience, que por toda Latinoamérica llevó a cabo un tour que incluyó Colombia, es la oportunidad de conducir al límite algunos de los mejores exponentes que vende Audi en el mundo.

Era una larga fila de carros, cada persona presente tendría su cupo asegurado en uno. La lluvia pretendía amargar lo que parecía un día perfecto. Poco a poco fue escampando y lo único que hacía falta antes de comenzar una larga jornada al volante era ponerse el casco.

Me indicaban que caminara hasta el fondo de la fila, que ya lo tenían listo. Oportunamente el primer ejemplar que llevaríamos entre manos nos daría la posibilidad de recordar con tranquilidad la pista en los primeros giros, el piso todavía no estaba seco.

 

Conveniente partida

Era un A5 Sportback 3.2 V6, con tracción Quattro y caja S-Tronic de siete velocidades, no recordaba que transmisión llevaba en ese momento, todavía la etapa de acostumbrarse me hacía omitir detalles. Un par de vueltas no muy al límite mostraron un seis cilindros tranquilo, progresivo, suave.

 

Acelerando por cortos momentos noté un cambio que en posición manual muestra un intervalo menor entre el momento en el que se actúa sobre la leva del timón y la marcha superior se engrana, eso se pudo percibir comparado a anteriores experiencias con esta misma transmisión.

 

El cómodo Sportback fue el ideal para memorizar la trazada, esa que sería violada tantas veces.

Ahora tendríamos que caminar hasta el punto opuesto en la fila para abordar el siguiente vehículo, pero no, nos indicaron que nos montáramos en ese, ¿Ese? –Sí, no se ponga bravo, me responde con sarcasmo uno de los coordinadores mientras me señala un R8 V10 azul.

 

Con tranquilidad me acomodo, “descifro” el extraño cambio automático y arrancamos de nuevo. Por un momento había olvidado que un automóvil de este perfil y nivel de potencia no arrancan al soltar el freno, hace falta acelerar levemente. Conciente de lo que tenía entre manos procedo son suavidad, tal vez demasiada.

 

La dirección transmite una dureza que al final se sintió en los brazos, como cuando recién se termina una carrera de karts. Noto con sorpresa la amabilidad del R8, no es la bestia que tenía en mente, o sí, lo es, pero dicha potencia no despierta de una manera que lo haga incontrolable, apenas me familiarizo con algo que no imaginé manejar ese mismo día. Terminan las vueltas, sabía que vendría otro después.

Sigue el S6. También me recibe con un V10, el mismo del R8, pero con unos más tranquilos 450 caballos en vez de los 525 que no había exigido al máximo instantes atrás.

Con esta berlina tenía un capricho particular desde que lo pude ver hace unos años por primera vez en fotos oficiales. La políticamente correcta estampa del A6 se transformaba con tres simples detalles en algo con lo que soñé por mucho tiempo.

Y ahí lo tenía al frente, en un gris oscuro que resaltaba la gran parrilla con acentos cromados, asientos mixtos en rojo y negro y esa iluminación diurna que no era tan difundida entre los Audi el año que salió al mercado.

Me recibe con más amabilidad que el R8 (es apenas obvio). Teniendo en cuenta la clara diferencia de potencia me sorprende una dirección igual de suave a la de un A6 2.8 FSI que pude llevar en este mismo recorrido a finales de 2009.

Uno cree que el S6 subvirará y que sus dos toneladas de peso quedarán en manos de la electrónica para no salirse del circuito, pero no lo hace. Su estabilidad existe pero su manera de comunicarse con el conductor deja claro que brillará más en un largo tramo de autopista poblado de grandes curvas abiertas dejándose llevar a altísimas velocidades.

Para jugar y enfrentar varias tramos estrechos y cerrados hay mejores opciones, este no es su territorio. Me queda claro y dejo al S6 con respeto, pero aquel sueño ya no existe, a mi edad necesito algo más vivo en ese peligroso pero agradecido ambiente lleno de horquillas, eses y radios que se cierran y se abren. Creceré y desearé un S6. Ahora no.

 

En la cima

Me encontraba de vuelta con otro R8 V10, ahora en blanco. Perfecto. Contrario al azul de minutos antes, equipaba un paquete opcional con ciertas piezas en fibra de carbono en su interior. Perfecto. Esta vez me molesté en presionar el mando “Sport” bajo la palanca de cambios y otro pequeño botón que endurece la amortiguación.

 

Empiezo de nuevo con lentitud, ¿Le tendré miedo al R8? Veo que el S6 que me precede se ve cada vez más pequeño y con concentración acelero, sentí con fuerza el V10 cuyo calor cada vez se concentraba más en mi espalda conforme se le exigía repetidamente.

Su amplísimo régimen de giro elimina agresividad alguna de su aceleración, el velocímetro dice lo contrario. La caja R-Tronic, mecánica con embrague robotizado, deja sentir con claridad cuando se hace un cambio, compensa la brusquedad que uno espera del soñado motor.

El instinto invita a desacelerar, pero la teoría me decía que no soltara el pedal. La teoría tenía razón, el R8 podía seguir entrando a esa curva lenta sin que siquiera chillaran sus descomunales Pirelli, siguiendo la trazada acelero y veo al S6 acercarse a mi trompa con rapidez: hora de frenar.

La carrocería se sacudía en los desniveles de las curvas más rápidas, eso revelaba que ya no le tenía miedo al R8, mis ojos se fijaban en el siguiente cono que me indicaba hacia donde lo tenía que llevar. Más curvas lentas y llegó la recta principal. Mi pie derecho se fue hasta el fondo sin compasión, un acto casi vulgar que hace mucho tiempo no hacía, pero lo necesitaba; olvidé la imprescindible suavidad para lograr la efectividad en la pista.

Cuando el motor cortó a 8.500 revoluciones supe cual fue la razón para querer dedicarme a hacer esto siempre, también supe que con sólo esa única sensación todo habría valido la pena, ya mismo me podía ir, pero no, todavía quedaba más.

Disfruto casi en silencio y al reducir a segunda ese primitivo pero sofisticado bramido vuelve a aparecer mientras agoto ya frenando los últimos metros de la recta. Perfecto (¿Ya lo dije antes?).

Dejo a este recorrido R8, que con 23.000 kilómetros alegrando el día de muchos se rehúsa a quejarse.

 

Realidad y sorpresa

Detrás espera un S3. Se siente casi inocente al arrancar detrás del R8. Son 265 caballos, tracción a las cuatro ruedas y una transmisión S-Tronic de seis velocidades. En el papel el goce sigue.

 

Probablemente el abrupto cambio hizo que la experiencia fuera enriquecedora pero no emocionante. No fue la primera vez que llevé ese motor, ese chasis o esa caja, pero en esta ocasión tenía más potencia y cuatro ruedas motrices. Voy más concentrado que antes.

El escalón de entrada a la gama S –previo a la llegada del S1 en breve- lucha contra el circuito, las llantas chillan al límite y el eje delantero empieza a ceder, se siente claramente el balanceo de todo el conjunto, brinca de atrás en una de las dos curvas rápidas.

Me desconcentro y fuerzo la trazada, el control de estabilidad hace lo posible para no permitir más deslizamiento, las ruedas traseras entran en acción y se siente cierto redondeo intermitente de la trayectoria. El S3 no luchaba contra el circuito, luchaba contra su conductor. Ni el mismo R8 me exigió tanto. Paradójico.

 

Con un sabor agridulce por mi aparente incompetencia abro la puerta mientras detrás me espera un TT en su versión más común. Tracción delantera, el mismo bloque del S3 pero con 200 caballos y transmisión manual. Era el único con un pedal de embrague en el lugar.

Ser el más mundano en un grupo como el que estaba reunido en ningún momento se tradujo en aburrimiento. En la primera curva el TT se mostraba preferible al S3 si hablamos desde el subjetivo punto de vista de la diversión.

Tener que mover el brazo derecho mientras se actuaba sobre un tercer pedal ayudaron a sentirse de nuevo como un conductor, pero no sólo eso, la menor suavidad de la dirección dejaba apuntar con más confianza o corregir en el acto, la trompa entraba en un giro con más facilidad a pesar de que estábamos sentados sobre la misma plataforma del S3 pero con un solo eje motor. La mayor agilidad del TT también perdonaba más errores, pero no quería cometer más errores. El discreto cupé se posicionó entre los que más disfruté.

El ineludible final

 

Quedaban las últimas vueltas, el último carro. Otro R8. El agotamiento se estaba comenzando a notar, mientras escribo esto todavía se resiente un poco la espalda por la posición no muy natural del casco contra el apoyacabezas.

Otro V10, la carrocería ahora es roja, las sillas son manuales en su regulación, es el más austero de los que conduje, el testigo “Check Engine” alumbra con 17.000 kilómetros recorridos y me percato justo antes de arrancar, me dicen después que no es grave, que no me preocupe.

El motor empujaba como lo recordaba hace minutos, la costumbre y el cansancio hicieron del recorrido algo en donde primó la concentración y no la emoción, la dirección la sentía más suave que en las otras dos unidades: llevaba el auto en modo “normal”, veo que la transmisión no es la única que cambia su repuesta con ese simple botón, se nota más en el volante.

El sol se empieza a ocultar y esta experiencia termina. El tiempo no me permitió disfrutar de la totalidad de los vehículos del grupo, algo que si se podrán permitir dos amigos en los días siguientes del evento, me alegro mucho por ellos, la pasarán aún mejor. Fue suficiente para mí.

 

 

Consideraciones puntuales:

-Una nimiedad como la ubicación del botón de las luces de parqueo son algo que impone retos en un Audi: en cada modelo el triangulito rojo estaba escondido en un lugar diferente.

-Las sillas con espaldar de una sola pieza en modelos como el S6 se ven descaradamente bien si se combinan con una tapicería en cuero mixto y alcántara en colores que contrasten, pero al pensar con algo de razón no se puede evitar notar la ausencia de un apoyacabezas graduable en altura. Los más altos quedarán más expuestos.

-Esto es un cliché en los textos relacionados al automóvil, pero que –una vez más- se logró comprobar: la diversión no siempre se representa en caballos de fuerza.

Nota: El equipo de www.carrosyclasicos.com en cabeza de su director Roberto Nigrinis, asistió a este espectacular evento, gracias a la invitación de Colwagen Premium, representante exclusivo de Audi para Colombia.

 

 

 

 

 

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