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Bienvenido, hoy es: 23 de enero de 2020

XXIII Encuentro nacional de clubes de vehículos antiguos y clásicos 2011

XXIII Encuentro nacional de clubes de vehículos antiguos y clásicos en Rionegro

 

 

Aunque el gris del clima a veces no dejaba brillar el sol, lo cierto es que el azul y el blanco dominaron la escena… y no sólo por iluminar el cielo del Oriente Antioqueño, si no por ser los colores de la nueva edición del Encuentro Nacional de Clubes de Antiguos y Clásicos, que por fin se realizaba en Rionegro, luego de postergar por un año la sede original decretada para Antioquia, y esta vez a cargo del ACLA bajo la dirección del cultor antioqueño, Arturo Vayda.

Textos: Camilo Ernesto Hernández Rincón
Imágenes: Camilo Ernesto Hernández Rincón, Diego Andrés Domínguez y José Ignacio Domínguez
Especial para www.carrosyclasicos.com

 

El formato de placa albiceleste que convierte a ciertos carros de edad y perfección en patrimonios históricos de Colombia fue la imagen corporativa de este nuevo encuentro celebrado en el municipio que alberga al Aeropuerto Internacional de Medellín, y a las cunas del prócer José María Córdova y del caricaturista Ricardo Rendón: Rionegro. El Hotel Las Lomas, ubicado a pocos metros del aeropuerto fue el refugio escogido para albergar a cerca de 250 participantes que llevaron un representativo parque automotor con algunos de los mejores carros históricos que Colombia pueda tener.

 

Estacionados en un campo adyacente del hotel quedaron para exhibición permanente unos 90 carros que cumplieron la cita anual bajo el concurso de los ya tradicionales clubes bogotanos, antioqueños, vallunos y el santandereano, incluyendo al Mercedes-Benz de Colombia en carácter monomarca. Claro está, la abundancia de ciertas casas como Porsche hacía creer que también asistían como colectivo independiente. Para darle todo el sabor paisa a la concentración desde el viernes 3 hasta el lunes festivo 6 de junio, la recepción incluyó sesión fotográfica al lado de una silleta especialmente creada para el evento por el condecorado silletero, Jaime Atehortua. Tradicionales ceremonias de presentación y reuniones, para salir el sábado 4 en los tradicionales buses Escalera antioqueños a recorrer Guatapé y El Peñol. Los carros quedaron estacionados en el hotel para exhibición y deleite de quienes concurrieron allá, además porque para el día siguiente, luego del tradicional Mercado de las Pulgas, debían estar prestos a salir. El domingo en la tarde les tocó transportar asistentes en alegre caravana que daba la vuelta hacia la parte de atrás del aeropuerto José María Córdova, para asistir a la presentación del helicóptero Arpía en la base BG Arturo Lema Posada que la Fuerza Aérea Colombiana tiene destinada a sus operaciones para el occidente del país. Vehículos escogidos se estacionaron a modo de escolta que rodeaba el helicóptero dotado con visores nocturnos, equipo de rescate para combatientes heridos, y la posibilidad de sostenerse en un punto fijo del aire. En la noche, reunión de remate para ratificar la sede del 2012 en San Gil, y para nombrar de nuevo como presidente de la Federación al señor Robert Moore Uribe.

 

Pero la razón de ser de este artículo acompañado por las imágenes que aquí se pueden apreciar son las nobles máquinas del pasado. Como de costumbre, estos eventos son como enciclopedias incompletas de las que se echan de menos algunos tomos fundamentales; pero sin miedo al error se puede afirmar que el eclecticismo y la inclusión popular convierten al Encuentro de Rionegro en 2011 en uno de los mejores y más célebres que se hayan realizado. Mercedes-Benz con máquinas exclusivas como el 170 cabriolet y el atildado Adenauer. Porsche, MG, Triumph, Jaguar, Austin-Halley, Morgan, Alfa Romeo… No podían faltar los copiosos Ford A que además albergaron a un bello Overland Phaeton rojo de 1922, y al Ford modelo T Speedster de 1915 que según ciertos asistentes, parecía el carro de Papá Noel. De la misma época, el único clásico del encuentro: El fastuoso Packard 1928 de siete puestos que perteneció a la Curia de Medellín. Aunque pocos, los representantes de Detroit de la mítica mitad de siglo no podían faltar, con gran presencia de Chevrolet y su mítico modelo 1957, más diferentes generaciones del Corvette. De contrapeso, Mustang y T-Bird de Ford, más un Customline del 53 y Mercury sedán del 49. Un inédito Plymouth Valiant convertible brilló por Chrysler, y el etcétera dejaría la crónica hasta aquí si no fuera por unos participantes clave que se llevaron la admiración legítima de asistentes y espectadores del improvisado desfile a la base de la FAC. Entrando al pedestal de los Grandes Carros Ilustres, el tercer Renault 4 colombiano que recibe placas azules de antigüedad sorprendía legítimamente a todos con su refulgente pintura naranja, y a su lado, otro Renault colombiano, un 12 de 1977, conoce desde ahora la gloria de entrar a la historia. De cerca por origen y por coincidencia industrial, dos Peugeot 404 estuvieron presentes: El clásico sedán, y el exótico coupé carrozado por Pininfarina. Pero el honor de llevarse los aplausos recayó, primero, en un recién recuperado Wartburg sedán de 1962. Un carro poco apreciado en el pasado pero que ya tiene en Colombia un ejemplar a salvo. En ambos extremos de la balanza, el más grande. El camión porta escalera fabricado por American La France en 1946 que perteneció al Cuerpo de Bomberos de Medellín. Su gran escalera  fue extendida hacia el cielo para goce de todos. El más pequeño, la simpática Crosley Pick Up 1947 que más de una sonrisa ponía en el rostro de todos, sin olvidar el Seat 600 español que representaba a los “Topolinos” colombianos. Una marca inédita en el paisaje nacional, Alvis, sorprendió con un flemático ejemplar bicolor a todo el mundo. El domingo subieron de Medellín en carácter provisional otros carros no menos interesantes como la famosa limusina Packard verde del 47 de don Diego Echavarría.

 

En resumen, un evento para jamás olvidar. En el corazón quedan los recuerdos de la suave frescura del oriente antioqueño, los paisajes floridos, la amabilidad proverbial de los paisas, el encuentro con los amigos para hablar de máquinas, y muy especialmente la nobleza de esta Tribu de Ancianos sabios de pergamino metálico en azul y blanco, a los que las nuevas generaciones se acercaron reverencialmente en Rionegro, para seguir formando parte del tejido histórico colombiano.

 

El autor desea agradecer a organizadores y participantes que le permitieron estar dentro del Encuentro, sin cuya colaboración, este cubrimiento habría sido imposible.

 

 

 

 

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