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Bienvenido, hoy es: 15 de julio de 2020

Visita al Museo de Auburn,Cord y Duesenberg

Auburn, Cord, Duesenberg Museum. El automóvil hecho un arte mayor


Textos e Imágenes: Camilo Ernesto Hernández Rincón

Especial desde EE.UU para www.carrosyclasicos.com

Para nada sonaría a exageración de alienados por los carros decir lo siguiente: EL AUTOMÓVIL ES CULTURA (Esto entendido dentro de su contexto histórico).Mientras Henry Ford ponía finalmente sus modelos T y A al alcance de todos, aún existía el gran carro de lujo mandado a hacer como un traje a la medida, para el cual no bastaba con vender caro un motor con cuatro llantas a los ricos. Para hacer un auto exquisito, además de recursos, se necesitaba sensibilidad, buen gusto, estética de alta escuela,y en general, ser una especie de Miguel Ángel o de Beethoven para diseñar, desarrollar y vender obras maestras, a privilegiados por la Diosa Fortuna.

Quien tenga la oportunidad de pasar un día por Auburn, en el estado de Indiana, a unas dos horas de ida desde Michigan, lo podrá comprobar. Este pueblo aparentemente igual a muchos otros de la Unión norteamericana, tiene un orgullo particular. El haber sido la sede principal de tres marcas de postín bajo un mismo toldo, de las cuales, Duesenberg es un mito glorioso entre los aficionados. Le siguen los innovadores Cord y los más accesibles pero no menos atractivos Auburn, llamados así por el refugio municipal bajo el cual se gestaron. Tres marcas bajo la batuta del industrial Errett Loban Cord, quien invirtió sus recursos en crear algunos de los carros más suntuosos y revolucionarios de los años veinte y treinta; pero que cuando la Gran Depresión se cebó en la economía, tuvo el mismo valor de abandonar el negocio, a despecho de suspender sus marcas para el mundo y por siempre. Hacia 1928, los colombianos tuvimos Auburn y se sabe de al menos, uno entre nosotros.

 

A lo lejos, faltando pocas millas para llegar, se divisa el gran tanque elevado de agua pintado de azul con el viejo logotipo de la marca que es nombre municipal. Luego de cruzar por el clásico suburbio de casas, colegios y demás, se llega a lo que fue una gran fábrica, de la cual subsisten algunas naves de fabricación en manos de otros; pero muy especialmente, un edificio de dos plantas en ladrillo con clara inspiración Art Deco. El primer piso tiene forma de un viejo concesionario, (efectivamente fue su gran sala de venta y exhibición). Pero discretamente, por una pequeña entrada, hay indicaciones de que se trata de un lugar de interés histórico. Una vez pagada la debida entrada y atravesando la tienda de recuerdos, no se puede dar crédito a lo que se ve a continuación:

No es un elegante club social de los años veinte ni un palacio de los magnates de esos tiempos: Parece todo eso y mucho más; pero es la gran sala de exhibición y ventasde algunos de los carros más imponentes que el mundo hubiera visto, y preciso, ellos ahí permanentemente. Los opulentos Duesenberg, Cord y Auburn, con sus poderosos diseños, están ahí para arrojar de frente su gloriosa historia al visitante. Todos ellos corresponden a la era clásica del automóvil mundial, representada en aparatos clave, como el fastuoso Cord 810 Cupé convertible de 1936, ubicado en toda la esquina del recinto sobre una base giratoria. Éste es el más admirado de la marca por su pulido y aerodinámico diseño concebido por Gordon M.Buehrig, de faros retráctiles y trompa sin radiador. Hay más versiones del 810, como el sedán vinotinto con unos sorprendentes acabados que no son cromados en realidad, si no en un desconcertante brillo rojizo de cobre. Otro Cord 810 cupé negro de 1937 fue propiedad del presidente de bujías Champion y tiene una de esas historias que hacen enojar a los diseñadores: Su flamante carro lo pidió con farolas externas en lugar de las retráctiles. Buehring accedió de mala gana alegando que eso arruinaba la pureza de las líneas. Antes de estos hermosos aparatos, Cord encargó en 1932 un aparato conceptual que sorprende por su longitud, el E-1. Con un motor de 12 cilindros, (originalmente iba a ser de 16), fue expuesto en el Hotel New Yorker de Nueva York y exhibido en la naciente televisión por la CBS. La competencia con los Duesemberg de la misma casa y el mal momento económico lo hicieron inviable.

 

Este primer piso cuenta con hermosos representantes de Auburn, como el modelo 1926 que llevó a la empresa a una decisión simple pero acertada. Debido a las bajas ventas, amén de colores apagados, se optó por darle acabado naranja con amarillo crema. El resultado fue un carro en apariencia estridente pero atractivo en los tiempos del Jazz, que revirtió las ventas. Al igual que otras marcas de primera línea, el círculo cromático era explotado con alegría entre los carroceros que tiraban por tierra la tesis de cualquier color, siempre y cuando fuese negro, según el viejo Henry. Sin caer desde luego en las estridencias, las pinturas de cada carro son cosa especial, incluyendo la del Auburn 1925 de la segunda serie. Este extraño modelo con rines de artillería y fuelle portaequipajes lateral, fue el primer modelo de la marca; pero construido bajo el mandato de E.L. Cord. Sorprende, además de su tamaño, el hecho de ser un carro sin restaurar que acusa las canas del uso.

Pero Auburn no tenía nada de barato y eso queda demostrado en los ampulosos modelos 654 y 852 Speedster“Cola de Bote” súper cargados de 1936. Como para el aficionado estar allá es morir e ir al cielo, que mejor manera de hacerlo que en un Auburn 852 Hearsefúnebre, pues desde luego, éste era un mercado natural que incluía también ambulancias. Eso sí, la agonía lenta de este primer piso corre a cargo de la marca reina: Duesenberg.

Con sus radiadores brillantes cual espejos, y sus líneas depuradas, los “Duesys” son el plato fuerte: Un hermoso “Cola de Bote” plateado con negro de 1932 fue propiedad de ClffDurant, hijo de William CaproDurant, el todopoderoso presidente de GM. En casa de herrero, azadón de palo. Este mismo carro también lo tuvieron el petrolero Paul Getty y John O`Hara. Dos señoriales modelos son los que saludan al observador: Un modelo A en carrocería Phaeton de 1926 en verde con azul, y un hermoso convertible cupé rojo de 1931, modelo J con carrocería de Murphy.

La historia queda en un “continuará” para el segundo piso, pues en una sala adicional algo más pequeña hay aparatos algo más comunes pero igualmente sorprendentes. Al trasponer la entrada, se encuentra uno con unbacking fotográfico, donde hay un Dodge Brothers de 1916 con rampa para hacerse retratar. En un aparato similar a éste fue asesinado Pancho Villa en México. Ya dentro del recinto, a ambos lados están parqueados para siempre diversos representantes de otras marcas, incluyendo una de las 18 reproducciones autorizadas del Auburn 874, realizada en 1974. A su lado, un Lincoln Zephyr 1939.

 

Pero lo primero que sorprende es la breve colección de Fords hechos exclusivamente en acero inoxidable y sin pintar. Fueron todos proptotipos desarrollados por la empresa Allegheny Steel Co. Para Ford Motor Company: un cupé de 1936, un Thunderbird 1960 y un Lincoln Continental 1966, sorprenden por su falta de acabado, al igual que un vecino al cual le luce naturalmente: El De Lorean genuino de 1981, igual al de Volver al Futuro. Un Hupmobile 1939, de los últimos producidos casi a la fuerza con líneas de Cord, y un Rauch and Lang eléctrico de 1916.

Del lado opuesto, carros de culto cotidiano: Dos T-BIrds, el primero de 1955 y el último de 2002. Al pie de un SumbeamAlpine similar al de James Bond en Dr. No, prima el color rojo: Como excepción en blanco Polo, un Corvette 1954. De resto, los dos Jaguar favoritos de todos los tiempos: XK y tipo E cupé. Un Mercedes 300 SL “Ala de Gaviota”, y algo más al alcance, el Chevrolet Bel Air cupé sin parales, de 1957. De hace un siglo, el Metalurgique 1911. Antes de subir las escaleras, un breve paseo por los trofeos y elementos del club oficial Auburn, Cord, Duesenberg y por el trabajo de diferentes artistas que han dejado su homenaje al automóvil.

El segundo piso demuestra que esto apenas comienza: Por las mismas elegantes escaleras por donde subieron a sus oficinas E.L. Cord, G. Buehrig, y tantos clientes selectos, el visitante es sorprendido por dos brillantes carros con cola de bote: un Auburn del 31 en aguamarina con negro y un Cord 32 en naranja con amarillo. No son los únicos, pues hay más modelos de las tres casas; pero acompañados por otros titanes de la competencia: Lincoln, Packard, RollsRoyce, Pierce Arrow o Locomobile, entre otros. Auburn exhibe en este vestíbulo un salvamento conceptual con su respectiva maqueta desnuda en madera: Un aerodinámico modelo 1932 que se rescató de un incendio en un salón automotor en Los Ángeles. Dos carros rarísimos y que aparentemente no tienen sentido en una exhibición donde el buen gusto es una ley; salvo por ser obras inéditas del propio Gordon M. Buehrig: El Tasco 1948 con fuselaje de avión caza y tablero híbrido de aeronave con caja registradora, y un homenaje “retro” difícil de aceptardel gran maestro diseñador a su esposa: El Buehrig 1979.

Se puede ir hacia cualquiera de los costados de esta sala para seguir viendo maravillas; no obstante, se sugiere ir hacia el ala derecha: Más Duesenbergs, incluyendo dos aparatos de carreras, incluyendo el hermoso Cord naranja del genial arquitecto Frank Lloyd Wrigth. Justo en este punto la historia toma un cariz diferente: Aparecen los primeros Auburn de 1903 a 1923, justo antes de la época clásica, y algunos de ellos en lujosas exhibiciones. La muestra se hace aún más ecléctica porque abarca colecciones de las marcas pioneras del estado de Indiana:

Esta pausa obligada es el homenaje a aquello que pudo haber sido pero que no se logró: Indiana tenía casi tantas posibilidades como Michigan de ser el gran estado automotor de los EUA, y quedan muchos testimonios que datan de finales del siglo XIX. Desde el más conocido por todos, Studebaker con todo y el inconfundible Avanti, hasta nombres de los cuales sólo cabe dejar un listado a la carrera y las imágenes que acompañan estas notas: Zimmerman, Haynes, Waverley,UnionAutomobile, Black, Imp, y hasta Crosley. Otra sala interesante es la de los motores, donde hay un chasis Auburn del 29 sin carrocería, y una pequeña pero impresionante colección de plantas motrices, entre la que se destaca una monstruosa “central hidroeléctrica” de 16 cilindros que equipaba a un Bugatti.

 

La experiencia del museo queda incompleta si no se visitan los verdaderos espacios íntimos de lo que fue la empresa de E.L. Cord: Quedan elementos sueltos como letreros de centros autorizados, piezas mecánicas y documentos. Hay un video permanente que dramatiza en el presente, la experiencia de venta de un Auburn en los años treinta. Pero el encuentro más grato es el de los talleres originales de diseño con mesas de dibujo, instrumentos, planos de la época, y muy especialmente, las maquetas en arcilla originales, al igual que modelos a escala real de guardabarros en madera. Más adelante se describe el proceso de diseño y se exhiben diferentes bocetos de cosas aparentemente simples pero cargadas de estudio como ensayos cromáticos y tipográficos en Art Deco sobre velocímetros o centros de ejes. Estos recintos son un homenaje que llevan a comprender los criterios bajo los cuales el lápiz del genial Gordon M.Buehrig concibió carros elegantes y funcionales. Subsiste su oficina con sus efectos personales, una sala de dibujo abierta para niños, y no pueden faltar los recintos del Gran Jefe: La oficina principal donde E.L. Cord despachaba, su sala de juntas y objetos íntimos como vestuario, cartas personales y hasta un pequeño reverbero para cocinar.

Destinar un día para ir a Auburn y conocer este maravilloso museo que es orgullo de sus habitantes y del estado de Indiana vale la pena. No es exactamente el Louvre de París o El Prado de Madrid; pero la calidad de su exhibición no admite dudas. Para los amantes del Buen Automóvil es formativa, y para todos en general es un paso más en la construcción de saberes. Al igual que otros museos (éste se encuentra registrado dentro del inventario patrimonial de los EUA) cumple con funciones sociales de difusión y acercamiento a todos los públicos, y eso lo hace incluyente hacia quienes investigan y se capacitan. Solamente el edificio es una obra maestra del Art Deco y es la comprobación de que, al igual que los viejos LPs colombianos de los años setenta que decían que el Disco es Cultura, el Automóvil, definitivamente lo ha sido… y lo será por siempre.

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