LA VELOCIDAD NO ES TODO. Las medidas tomadas por las autoridades de tránsito en los últimos tiempos, están bien intencionadas pero desafortunadamente no resultan tan efectivas como se pensó ingenuamente antes de su implementación. Transitar por nuestras carreteras con las luces encendidas las 24 horas del día, ha causado más inconvenientes que beneficios. Las personas dejan encendidas las luces al bajarse de sus vehículos, lo que produce que las baterías se descarguen y deterioren más rápidamente. Desconocemos las cifras de efectividad de esta medida en la disminución de la alta accidentalidad vial del país, pero a juzgar por el silencio podemos deducir que es tan insignificante o nula que las autoridades de tránsito no salen orgullosas a exhibirlas como sería lógico.
Otra discutible medida es el desmedido celo con que se busca controlar la velocidad en las vías, limitando de paso, los adelantamientos en nuestras arcaicas vías.
Lo primero, la velocidad no es la principal causa de accidentes, y lo segundo la utilización de la doble línea amarilla continua que prohíbe el adelantamiento de vehículos más lentos, y que está presente en casi toda nuestra precaria red vial, lo que de cumplir al pie de la letra obligaría a realizar viajes de muchas horas y cientos de kilómetros detrás de un lento camión.
Estas dos situaciones son aprovechadas por agentes de tránsito, camuflados en los lugares más recónditos, a la caza de los infractores de estas absurdas normas, que de paso los convierten en verdaderos “salteadores de caminos” que persiguen con saña a la mayoría de los honestos colombianos que se atreven a tomar una de nuestras carreteras, todo ante la mirada cómplice de los encargados de recaudar el pago de multas, quitándole el dinero a los usuarios de nuestras vías, que además pagan impuestos por sus vehículos, peajes absurdos e inútiles, aunado a los altos costos de los combustibles, que suben mes a mes.
Los legisladores y los encargados de hacer cumplir estas inútiles normas de tránsito, se han olvidado de algo muy importante. Está comprobado con estudios serios, realizados en muchos lugares del mundo, que la principal causa de accidentes es la irresponsabilidad de los conductores, de aquellos que confunden confianza al volante con estupidez. Son estos conductores que tienen una mala actitud frente a la responsabilidad que deben asumir al tomar los mandos de un vehículo. Son esos siniestros personajes, que aceleran cuando otro conductor los está rebasando, los que pasan a otro en el lugar que les place, sin importar que viaje en sentido contrario otro vehículo, los que adelantan por la derecha, los que no bajan sus luces altas cuando se encuentran con otro vehículo que viaja en el otro sentido.
Conductores que al tomar el volante se transforman en bestias asesinas, cuando en su vida diaria son estupendos miembros de sociedad y magníficos integrantes de familia.
El problema tampoco es de posición social, o de si son conductores de vehículos de servicio público o particular. Es un problema de sentido común, desafortunadamente el menos común de los sentidos. Hasta que no entendamos, que cualquier vehículo conducido de manera irresponsable es un arma mortal para nosotros y para todos los que nos rodean, seguiremos en las mismas y aún peor, ya que el mal ejemplo cunde.
Hace algunos días dialogaba con un agente de tránsito de Bogotá, y este me comentaba una situación que se agrava todos los días y que durante los fines de semana toma dimensiones apocalípticas; la embriaguez al volante. Según este agente en estos días de 10 conductores que detienen 8 están embriagados. Sin duda, esto es algo demasiado grave; un 80% de irresponsables, pone en peligro al restante 20 %.
Que mal estamos. Afortunadamente, todavía existe un pequeño porcentaje de conductores que no conduce embriagado y aún uno menor que respeta las señales de tránsito, pese a ser considerado estúpido, tonto o lento.
Pero si miramos con detenimiento, nos preguntamos qué hacemos los conductores y las autoridades de tránsito, no para detener e infraccionar a los conductores ebrios que deberían ser llevados a la cárcel de manera inmediata y cancelada su licencia de conducción de manera definitiva.
Yo le pregunto a usted ¿Qué hace a nivel personal y que haría para tener un transito no sólo más fluido sino más seguro y responsable?
La respuesta la tenemos todos y esperamos que estas frases le cuestionen sobre algo tan grave. Esperamos que si sale de vacaciones por carretera durante estas vacaciones de mitad de año, conduzca con responsabilidad, tal y como lo haría si supiera que en todos los vehículos que lo acompañan en la ruta viajan sus familiares más queridos.
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