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Bienvenido, hoy es: 18 de diciembre de 2017

Museo Packard

Packard Museum, Fort Lauderdale: Preguntando a quien tiene varios.

Para las nuevas generaciones de colombianos, el lujo en automóviles viene de Alemania con Mercedes, BMW y Audi, y eventualmente de otras marcas europeas y japonesas.

Texto e Imágenes: Camilo Ernesto Hernández Rincón

Especial desde EE.UU para www.carrosyclasicos.com

 

En ese orden de ideas, Cadillac es muy exótico y algo que sólo se ve en las películas, y ni se hable de Lincoln. Por tal razón, Packard no pasa de ser la segunda parte de una marca de computadores y ya; pero entre conocedores, sobra decir que fue una de las grandes casas del gran lujo estadounidense en los tiempos dorados del automóvil. Tener Packard, al igual que poseer Cadillac o Lincoln, era sinónimo de alto estatus, y hasta en la historia colombiana hay carros de dicho origen. Baste decir, que presidentes y personajesilustres, fueron sus propietarios: Eduardo Santos, Alfonso López Pumarejo, Diego Echavarría Misas (presidente de Coltejer), eran hombres a los que había que preguntar, pues tuvieron al menos uno.

Antes de que Lamborghini surgiera como resultado de las deficiencias de Ferrari, los hermanos Packard hicieron exactamente lo mismo: Fundaron su propia fábrica en 1898 ante la descortés respuesta de Winton por problemas de calidad. Los motores y chasises Packard pasaron, en muchos casos, por los mejores carroceros de la era clásica y tuvo preferencia entre los mimados de la fortuna; pero después de la Segunda Guerra Mundial, Packard no se puso a tiempo,ni con el mercado ni con los avances técnicos, y empezó a deshacerse. Fundida a la brava con Studebaker en 1954, terminó desapareciendo en silencio cuatro años después, en medio de líneas que traicionaron su filosofía y un rango de mercado por debajo de su prestigio. Tan es así, que sus desilusionados seguidores los llaman los “Packardbakers”.Studebaker seguiría el mismo camino al colapso a mediados de los sesenta.

Muchos de ellos son orgullosas posesiones de coleccionistas o cultores en todo el mundo; pero si se es alguien dentro de estaescala de afición, o simplemente un curioso de los carros como quien estas líneas escribe, es obligatorio pegarse el viaje hasta Fort Lauderdale, (si uno anda suelto por ahí en Miami), para contemplar en un pequeño espacio del número 1527 en la avenida 1º suroccidental, el lugar de culto a esta marca, que precisamente se llama Packard Museum. A su vez, esta avenida primera ha tomado el nombre de Packard Ave.

Por fuera es una discreta bodega; pero por dentro alberga autos y camiones de dicha marca. Fue fundado por Arthur O. Stone, ex director general de la BuningFlorist, Inc. Este hombre decidió rendirle culto a su marca favorita con este museo que tiene mucho más que carros: Como toda buena exhibición automotriz, está rodeada de otras colecciones de objetos afines que comprenden accesorios, publicidades, surtidores de gasolina, juguetes, carros de pedal, y rarezas geniales como la aspiradora marca Packard. Además de contemplarlos, el visitante debe preparar cámara y curiosidad ante muebles con colecciones de empuñaduras para las palancas de cambios, emblemas, pistones, relojes antiguos para automóvil de marcas originales, y hasta un dispositivo de bocinas con diferentes sonidos. Una curiosidad del museo radica en un cuarto dedicado a la memoria del ex presidente Franklin Delano Roosevelt. La diversión siempre estará asegurada para el visitante, pues lo pequeño del museo permite un trato cercano y amable con quienes atienden. Recomendación: no usar el flash de la cámara.

Pero si hablamos de los carros, hay lo suficiente como para pasarla bueno en un par de horas (todos tienen un atril informativo de varias páginas que narran su historia extensa). Desde luego las imágenes aquí mostradas ahorran muchas palabras; pero siempre hay aparatos especiales que merecen mencionarse: Junto al cuarto de Roosevelt, un bello modelo Speedster blanco de 1908, de la era del bronce. En un hermoso color rojo bermellón, una limusina Town Car Twin Six de 1916 carrozada por Kimball. Tiene la puerta del pasajero abierta para poder contemplar el lujo de los bordados con que se tapizó (¿Recuerdan el Renault de la película Titanic en el que Jack y Rose terminan… empañando los vidrios? La sensación de presenciar el interior es más o menos así). Carros con pasado ilustre, como el Pass Touringnegro con gris de 1921 de carrocería Pullman. En él viajaron los presidentes Wilson, Harding y hasta Albert Einstein. Otro presidencial, el 243 7-Pass Touringgris de 1925, llevó a Calvin Coolidge. Las banderas estadounidenses en las defensas así lo testimonian.

Una herejía la constituye el Clipper 1947 en beige con café convertido en… ¡pick-up de estacas! Una transformación hecha sobre un sedán de lujo con fines de evaluación ante el público. Algo más coherentes son los dos camiones Packard en exhibición, pues la compañía llegó a fabricarlos. Un modelo E de 21 toneladas y media para 1915, aun con publicidad de una empresa de alimentos. El otro, un furgón policial para transporte de arrestados de 1925. Trasponiendo la zona del bar francés de principios de siglo, un hermoso coche fúnebre de carrocería Henney. Su emblema de capó es un ave con cuello de cisne; pero de plumaje compuesto por largas varillas metálicas que servían de antena radial. Está también uno de los primeros representantes del aire acondicionado, con su rudimentaria nevera ventiladora de hielo en el baúl: un Touring Sedan Super 8 de 1940, en azul.

Para cerrar la muestra, están también los representantes de la postguerra decadente: Una hermosa camioneta WoodyWagon de 1947, un Caribean convertible de 1955 a tres colores, y el shock hepático de los puristas: Un “Packardbaker” Hawk de 1957. También es posible ver un hermoso camión de bomberos con todo y dálmata de cerámica, y una grúa blanca.

En resumidas cuentas, y como decía el reconocido eslogan publicitario de Packard, “Pregúntele al hombre que posee uno”.www.carrosyclasicos.com acaba de recibir todas las respuestas posibles de los hombres que tienen a su cuidado estas joyas; pero como la curiosidad automotriz por la historia no deja de generar preguntas, conviene volver a Fort Lauderdale para seguirles preguntando. El museo es finito; pero el cuestionario en torno a Packard siempre será ilimitado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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