Kaiser Darrin 1954
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Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial el ambiente de optimismo era muy grande en los Estados Unidos. Los soldados que regresaban a casa buscaban disfrutar de sus nuevas vidas y los automóviles hacían parte de su atractiva realidad.

La suspensión de la producción de automóviles para uso civil se había dado en febrero de 1942, luego del ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor que trajo consigo la entrada de los Estados Unidos al conflicto global del lado de los aliados, producción que se reanudaría a finales de 1945 con modelos similares a los que se fabricaban en 1942, con ligeros retoques estéticos.


Estos militares habían conocido los pequeños vehículos deportivos europeos, tal era el caso de los MG, Thriumph y Morgan británicos, al igual que algunos alemanes de BMW, Mercedes-Benz, Alfa Romeo y Lancia italianos y Skoda en al caso de los checoslovacos. El gusto desarrollado por este tipo de modelos deportivos dentro de los recién llegados a su país de origen, motivó a muchos fabricantes tradicionales a proponer diseños que se adecuaran a las tendencias que marcaba el mercado pero al gusto estadounidense.


De esta tendencia saldrían varias propuestas como fue el caso del Nash Healey presentado en 1951, el Chevrolet Corvette lanzado a finales de 1952 y posteriormente vendría el Thunderbird de la Ford que debutaría a finales de 1954 y nacido como respuesta a los anteriores. Dentro de estos sobresale un curioso automóvil producido por la Kaiser-Frazer. En dicha compañía trabajaba como jefe de diseño Howard Darrin un talentoso creador, pero un poco indisciplinado para el gusto de sus jefes. Darrin trabajó en secreto su nueva creación, partiendo del chasis alargado del Henry J un vehículo compacto de bajo precio presentado al mercado en 1951, modelo que hacía parte del portafolio de la Kaiser-Frazer Corporation empresa fundada el 23 de julio de 1945 por Henry Kaiser un millonario industrial interesado en ingresar a la industria del automóvil y por un gran conocedor de esta industria Joseph Frazer un antiguo presidente de la Willys Overland empresa radicada en Toledo Ohio.

Cuando Darrin le presentó el vehículo terminado a Henry Kaiser, este se molestó bastante y no le dio mucha importancia al proyecto. Por el contrario la joven esposa de Kaiser se mostró muy entusiasmada indicado que el nuevo vehículo era el automóvil más hermoso que había visto en su vida. Este sorpresivo reconocimiento de la esposa del dueño de la empresa, hizo que este cambiara de opinión y autorizara su producción.
El Kaiser Darrin montaba una novedosa carrocería fabricada en fibra de vidrio la cual se atornillaba sobre un chasis en acero usado también en el Henry J pero la cual se le alargó para poder montar la carrocería del Darrin que era más larga. Las principales características del Darrin eran su largo capó y la apertura de las puertas mediante un sistema corredizo que las introducía dentro de los guardabarros delanteros. La capacidad era para dos personas, conductor y un acompañante que contaban con un baúl de buen tamaño.


En cuanto a la parte mecánica era propulsado por un motor de origen Willys de seis cilindros en línea con un desplazamiento de 2.600 c.c que producía 90 HP, el cual estaba acoplado a una caja de cambios manual de tres marchas más sobremarcha con accionamiento desde una palanca ubica en el piso del vehículo. La suspensión delantera era de tipo independiente con espirales, mientras la trasera era de eje rígido con ballestas. Dejando la labor de frenado a una bomba sencilla que accionaba las campanas ubicadas en la cuatro ruedas.


La producción total del Kaiser Darrin no pasó de las 435 unidades durante su único año de producción. De estas las últimas 50 unidades fueron dotadas de motores V8 de origen Cadillac, aunque también en algunos se usaron propulsores Rocket provenientes de Oldsmobile.

Las razones del bajo número de unidades vendidas se explicaría en su alto precio, superior al de un Chevrolet Corvette y a la poca potencia de su motor de seis cilindros, lo que no se alcanzaba a minimizar ni con el bajo peso del vehículo que no llegaba a los 1.000 kilos. Otro factor sería que evitó su masificación fue la demora en salir a la venta, la cual estaba presupuestada para 1952 lo que sólo se logró a comienzos de 1954 y que se detendría en agosto de dicho año.

Las últimas unidades sin vender sufrieron daños con las fuertes nevadas de finales de 1954 y comienzos de 1955. Debido a esta fortuita situación el fabricante decidió destruirlos ante la imposibilidad de venderlos como vehículos nuevos. A lo cual Howard Darrin se opuso comprando dichos vehículos por un precio simbólico para dedicarse él mismo a su venta posterior y como una forma de proteger su legado.

Hoy en día los vehículos sobrevivientes se venden dentro del mundo de los coleccionistas a precios bastante interesantes.